Manifiesto por un constituyente catalán 

 

Vivimos tiempos de cambio. Nadie puede negar que hayamos entrado en un periodo de aceleración del tiempo histórico. Lo que antes llevaba décadas, ahora puede durar sólo meses, semanas o incluso días. Desde el 15M hemos visto cambiar la jefatura del Estado, desmoronarse el bipartidismo, retirarse a la vieja guardia (Rubalcaba, Duran i Lleida, Aguirre...) y caer “mitos” como Jordi Pujol. Un amplio movimiento ha venido reivindicando a la vez el derecho a decidir como la mejor forma para resolver el modelo de Estado. En juego se encuentra otra idea de España; más democrática, socialmente justa y plurinacional.

Con la crisis, las acciones de la PAH contra los deshaucios, las mareas contra los recortes y tantas otras movilizaciones dejaron claro que, en democracia, el protagonismo es y debe ser de la gente. Pero la crisis no sólo puso de manifiesto la ilegitimidad del neoliberalismo causante de la brecha social. La corrupción, que hasta entonces nos era presentada como una serie de casos puntuales, afloró en toda su dimensión estructural: comisiones del 3%, sedes embargadas, sobresueldos en sobres, etc.

 Ante esto, los partidos existentes permanecían inoperantes, bloqueados por sus viejas reglas y manera de entender y hacer la política. No tardaron así en ser destituidos al grito de “¡No nos representan!”. En su lugar aparecieron formaciones creadas por gente corriente que tomó la iniciativa y extendió el protagonismo popular de las plazas a los procesos electorales.

Primero irrumpió Podemos en las europeas. Su resultado sorprendió, con cinco eurodiputados de la nada y marcó un antes y un después. Ganar en el terreno electoral dejó de ser una utopía. Siguieron los éxitos locales de las candidaturas de unidad popular que impulsó Podemos y confirieron las alcaldías del cambio a Carmena, Colau, Ferreiro, Kichi y tantas otras y otros. Sin la apuesta de Podemos por Barcelona en Comú, Ahora Madrid, Marea Atlántica, etc., el cambio aún no habría empezado. Y cuando parecía que la cosa se ponía cuesta arriba, la remontada del 20D eliminó cualquier sombra de duda: el cambio había llegado para quedarse.

Colapso en Catalunya

Mientras tanto, sin embargo, el escenario catalán ha colapsado por efecto de la deriva unilateral y plebiscitaria del independentismo. La investidura de Puigdemont, en palabras de Artur Mas, habría logrado “corregir mediante negociaciones lo que no se ha conseguido por las urnas”. Catalunya, pionera hasta hace nada en las luchas por la democratización, se ha instalado en una suerte de “día de la marmota” que nos entrampa sin remedio en la ideología del “Processisme”. Aquí y ahora, el cambio reclama un giro de 180 grados en la política catalana.


El resultado del 27S no fue ambivalente: fue un claro «No» al atajo plebiscitario. Y fue también la evidencia de que una mayoría social mucho más amplia sigue queriendo resolver la cuestión en referéndum. La victoria electoral de En Comú Podem (ECP) en las generales ha demostrado que la difícil posición que tuvo que defender Catalunya Sí Que Es Pot (CSQEP) en las autonómicas se corresponde mucho mejor con la voluntad mayoritaria en Catalunya y que el mismo argumento, en contextos electorales diferentes, puede producir resultados muy dispares.

Por eso, el avance de Ciudadanos el 27S no sólo se produjo gracias a los errores eventuales de CSQEP, sino también porque hubo quien se creyó al margen de la responsabilidad de frenar la marca blanca de la derecha centralista. La lección a extraer es inequívoca: más allá de las diferencias, vivimos un contexto histórico en el que se penaliza no estar a la altura del cambio. El 27S fallaron tanto quienes concurrieron como quienes se quedaron en casa. Sólo la generosidad posterior con las confluencias hizo posible el triunfo del 20D.

Confluencia deseable, confluencia factible

Confluir es avanzar hacia un fin común. Ese fin es el cambio al que aspiramos; un cambio donde todos los confluyentes implicados se reconozcan y participen en pie de igualdad, reconocimiento mutuo y dignidad. Nadie puede dudar que lograr la confluencia más amplia y mejor organizada es deseable. Pero ¿es factible?, ¿bajo qué condiciones?, ¿en qué tiempos?, ¿con qué contenidos?, ¿mediante qué métodos? A nadie se le escapa que el modo en que se confluya (o se deje de confluir) puede tener efectos muy dispares sobre el cambio.

Dado que la confluencia no es un fin en sí misma, sino un camino a recorrer conjuntamente, la cuestión es qué confluencia queremos protagonizar desde Podem. Las confluencias nacieron de una urgencia sobre la que no había margen de maniobra: una apretada serie de convocatorias electorales obligó a improvisar a cada paso acuerdos con distinto grado de elaboración. En algunos casos se pudieron elaborar códigos éticos comunes, propuestas programáticas conjuntas, asambleas territoriales compartidas, etc. En otros, como En Comú Podem, se adoptaron fórmulas mucho más próximas a la simple coalición electoral con los elementos innovadores de cada confluyente por separado.

Aún así, gracias a la fundamental y decisiva aportación de Podem, ECP logró ganar las elecciones generales. Este éxito constituye sin duda un incentivo para seguir avanzando. Nadie puede dudar que, como dijo Juan Carlos Monedero, Podem sea “la nave nodriza” de la confluencia catalana. Con todo, ECP no es a día de hoy más que un boceto de confluencia al que hay que dotar de contenido, cuerpo y energías militantes, siempre que se considere oportuno. Para llevar a cabo ese esfuerzo queda por delante un año o más.

Hoja de ruta

A la hora de plantearnos confluir, propugnamos una hoja de ruta que respete, en primer lugar, los ritmos internos de todos los confluyentes. Las elecciones han supuesto un desgaste enorme; muy en especial para las formaciones de gente corriente que somos de creación más reciente. Antes de avanzar nuevos pasos es preciso que estemos todos en las mejores condiciones de contribuir al cambio. Acelerar la confluencia de manera innecesaria puede tener costes imprevisibles y hacer fracasar el fin perseguido.

En segundo lugar, la defensa de la plurinacionalidad no es en modo alguno una aportación ajena, ni menos aún patrimonio exclusivo de otros confluyentes. Forma parte de nuestro “ADN” y así debe seguir siendo. Sin embargo, debido a la serie de convocatorias electorales, Podemos no ha dispuesto de tiempo para afrontar su federalización interna. En la práctica esto ha generado dificultades adicionales con implicaciones tan graves como haber facilitado a la Mesa en Las Cortes negar el grupo a ECP.

En tercer lugar, por consiguiente, Podem debe formarse como un constituyente en Catalunya, con personalidad jurídica propia y capacidad para decidir de manera soberana en el ámbito catalán. Sólo desde ahí tiene sentido iniciar con otros confluyentes catalanes una confluencia de cara a un acuerdo posterior de ámbito estatal.

Esto sitúa, por tanto, la rearticulación de la relación entre Podem y Podemos en un momento constituyente anterior a la confluencia entre un futuro sujeto catalán y el resto de confluencias a nivel estatal. En este horizonte, quienes suscribimos este manifiesto lo planteamos como un punto de partida abierto a todas las gentes que se quieran sumar, sin resultados predeterminados, como invitación a un debate colectivo protagonizado desde los círculos por el conjunto de la sociedad. Porque hoy como cuando se presentó Mover Ficha, sigue siendo necesaria la audacia, la participación, el debate. No sólo tenemos una historia de batallas electorales, también contamos ya con un aprendizaje colectivo al que no queremos renunciar. Desde la fundación de los círculos hasta el 31E, pasando por Vista Alegre, seguimos el camino del empoderamiento popular. A Catalunya, també Podem.